Las tierras de Beleriand - Valariandë

jueves, 27 de marzo de 2014

Las tierras de Beleriand


Cuando hablamos de Valariandë, hablamos de un escenario bastante amplio y detallado, rico en aspectos diferentes como la guerra o las pasiones. La geografía y gobernación del mundo en que se desarrolla este juego, no son una excepción.

Esta noche escribiré sobre esta vasta región llamada Beleriand, la "Tierra de los Valar", el escenario principal y ambientación base en la que se desarrollan todas las historias de este juego.

Beleriand está separado de la Tierra Media gracias a la imponente cadena montañosa de las Ered Luin, las Montañas Azules, las cuales, con su exhuberante extensión hacia el sur, se transforman en una infranqueable frontera natural, que ha mantenido aislada a Beleriand durante casi toda la Primera Edad del Sol.

Beleriand ha sido la región de la que más historias se han contado; sus grandes bosques, encajados sobre los ríos Gelion y Sirion, cobijaron a los Elfos grises y a los Altos Elfos Noldor, y más tarde a los Hombres venidos de oriente.

El clima del país no es amable para con sus habitantes, y muchas estaciones se pueden apreciar en poco tiempo y en distintos lugares. La tierra está cubierta por agrestes colinas divididas por fértiles valles. La mayoría de los días del año suele caer una suave lluvia o niebla, lo que le da al paisaje un aspecto etéreo. Musgos y helechos crecen libremente en este húmedo y fresco clima.
El invierno es época de cuidado para todas las aldeas y ciudades, ya que las nevazones y el frío pueden llegar a destruir un pueblo y todos sus habitantes.

Debido a esto y al terrible mal que se incuba en el oscuro norte, es fácil pensar que cada uno de los Pueblos Libres sean reacios a la interacción, acostumbrados a sufrir las penurias que produce el odio y el terror de la fortaleza oscura.

Varios linajes y casas se dividen el dominio de Beleriand, los Elfos venidos de Oeste controlan y vigilan la mayor parte de las fronteras septentrionales, movidos por el odio y el juramento. Día y noche levantan guardia esperando el momento en que recuperen lo perdido y cumplan con sus ansias de venganza. Totalmente diferente a ellos, aquellos Elfos que siempre han habitado Beleriand, se sienten incómodos con su presencia y creen rotundamente que su llegada trajo ruina y desesperación.
Los Enanos de las Montañas, preocupados de la forja y el comercio, siempre están apegados a sus costumbres y sus posesiones. Si bien, jamás olvidan a un amigo, el oro y las gemas preciosas pueden hacer aparecer su más profunda y encarnizada codicia.
Los Hombres, pueblos generalmente nómadas, llegaron hace poco a las tierras de aquende, escapando de una sombra que sólo los antiguos sabios podían discernir, pero que cada uno de ellos, mantienen sus costumbres y creencias.



A pesar de la variedad de gentes que habitan estas tierras, sólo dos Elfos contienen los cetros reales, el autonombrado Rey, Thingol Mantogris, a quien casi todo Beleriand considera como su Señor; y el Rey Supremo Noldo venido de oeste, y cuyo cargo siempre está ocupado por el primogénito de la Casa. Reinos que se miran con recelo debido a lo distinta de su filosofía ante el mal, y que con el tiempo podrían llegar a tomar caminos diferentes o unirse para lograr una triste victoria.

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