Personaje del mes

De entre todos los temas que contiene el legendarium de Tolkien, el mal es algo muy importante, ya que muestra el equilibrio de las cosas y a la vez se desarrolla como un hecho de superioridad ante situaciones en las que es difícil decidir.
Existen muchas maneras de representar el mal, y una de ellas, y tal vez la más potente y que mayores lágrimas deja, es la destrucción. Los Balrogs son la representación de ello; seres de fuego y odio que arrasan y destruyen prácticamente todo a su paso, y que casi no tienen enemigos que le puedan sentar cara. Hoy conocerermos al capitán de todos ellos: 


GOTHMOG, SEÑOR DE LA GUERRA
"... de entre los Maiar, muchos se sintieron atraídos por el esplendor de Melkor en los días de su grandeza, y permanecieron junto a él hasta el descenso a la oscuridad".
-Valaquenta, El silmarillion.


En el momento en que Melkor reveló sus planes de dominación, no pocos se sintieron atraídos por su esplendor, muchos se vieron reflejados en lo que el Vala pensaba y quería de la visión que Ilúvatar les había otorgado.
De entre todos los Maia, los espíritus de fuego fueron quienes más impacientes estuvieron ante la revelación y la mayoría no resistió la tentación.
Arien, la Maia que más tarde se convertiría en la guía del sol, fue uno de los objetivos de Melkor, debido principalmente a su poder, y capacidades afines para con el fuego, sin embargo, permaneció fiel a Ilúvatar y a su señora, Vána.
Tras esto, los ojos del seño oscuro se posaron en otro de los servidores de Vána, quien en ese momento era conocido como Kosomoko. Las palabras de Melkor fueron claras y concisas, y calaron profundamente en el alma inquieta de Kosomoko; esto ayudo a que cayera en desgracia y rápidamente siguió los pasos del señor del mal.

Vána en un último intento,  incentivó a que Kosomoko no escapara, pero los Valar no pueden influir en el destino de las criaturas de Arda, por tanto, y con lágrimas en los ojos vio alejarse a uno de sus más queridos discípulos.
Así, junto a su nuevo señor, Kosomoko descendió a Arda, y su apariencia cambió a una forma horrrorosa y a la vez llamativa, envuelta en fuego y odio.

Kosomoko nunca más volvió a llamarse así, su verdadero nombre quedó sepultado en el olvido de tanta desgracia y mal que trajo al mundo. Sin embargo, eso no le importó, ahora era Gothmog, el enemigo odioso, y así lo conocieron quienes pudieron observar la ira en su rostro.


Por la fuerza y el terror que infundía en los corazones de sus enemigos, se convirtió rápidamente en Señor de todos los Balrogs y se encabezó como uno de los mayores enemigos que los pueblos libres pudieron haber conocido.
El también Capitán de las huestes de Angband, se codeó en poderío con el mismísimo Sauron, por quién sentía un respeto absoluto, pero sabía que en el campo de batalla, la balanza podía estar tanto para él como para el favorito de Morgoth.
Gothmog gustaba de portar un látigo de fuego colgado al cinto y un hacha negra en sus manos. Y además se protegía con una férrea guardia de trolls a sus espaldas. Así que verlo llegar al campo de batalla, era una imagen terrorífica y desesperante.
La  mayoría de las guerras que se sucedieron en las tierras de Beleriand contaron con su participación, y en más de una, su influencia fue decisiva para el bando de Morgoth.
Sin embargo, Gothmog, jamás olvidará aquel enfrentamiento que le trajo mayor gloria en sus huestes y respeto de sus enemigos, la Dagor-Nuin-Giliath, la Batalla bajo las estrellas.
Poco antes de la salida de la luna, Morgoth, consciente del retorno de Fëanor a la Tierra Media, por los ecos de Lammoth y el fuego en Losgar, decidió atacar sorpresivamente a los Noldor antes de que pudieran establecerse. Este hecho y la replica de muchos otros, hizo que los Noldor encabezados por Fëanor sintieran el fuego y la furia en su interior y dándose por superiores no se detuvieron hasta darle caza a todos los orcos, que en ese momento huían hacia la fortaleza de Angband.
Nada sabían de la fuerza que poseía Morgoth, y ésta fortalecida por los humos negros de Thangorodrim se volvieron para acorrarlos, y de Angband, salió como un huracán estrepitoso, una hueste de Balrogs comandados por el mismísimo Gothmog.
Allí en la llanura oscura de Ard-Galen, cayó el mayor de todos los elfos, en manos del mayor de todos los Balrogs.

La crueldad de este demonio de fuego, no posee límites, y siempre se le ha vinculado a la oscuridad que protege y a su perversa forma. Gothmog, en su vasta experiencia, ha llegado a controlar las llamas a voluntad, y con su estatura de más de seis metros, acostumbra a recubrirse de negras nieblas a su alrededor.


 

Eduardo Maturana

-¿Satisfechos? - dijo Andreth. -Ningún corazón de Hombre está satisfecho. El tránsito y la muerte le es siempre penoso; pero un declive más lento proporciona cierto consuelo, y retira ligeramente la sombra.

-Andreth -De la muerte y los hijos de Erü

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