Cuentos de Beleriand: El Sitio de Angband


"Fue una victoria, pero también una advertencia; y los príncipes la tuvieron en cuenta, y fortalecieron la alianza y pusieron más centinelas, e iniciaron el Sitio de Angband, que duró casi cuatrocientos años del Sol"
-Del retorno de los Noldor. El Silmarillion.

Los tiempos están cambiando, los vientos ya no son tan puros como hace unas décadas atrás. Sin duda, la Primera edad del sol, se ha convertido en una época de rotundos y consecutivos cambios que a nadie ha dejado indiferente.

Hace ya más de trescientos años que los elfos tuvieron que hacer frente en una de las más gloriosas batallas que asolaron las tierras de Beleriand, y gracias a su rotunda victoria, pudieron establecer una larga paz vigilada llamada el "Sitio de Angband".
Ya más de tres siglos de un asedio con el que humillaron a un Morgoth que se vio débil de fuerzas.
La unión de sus armas y la valentía presentada en batalla, lograron hacer mella en las filas enemigas obligando su retirada hacia los inmundos cubiles que poseían en las montañas de Thangorodrim. Y no se atrevieron a salir... pues los Noldor cuidaban con recelo cada paso.

Todos estos hechos permitieron el establecimiento de tres fronteras en común alianza.
El primero y más interesado en el asedio era Maedhros, líder de elfos que junto a su linaje establecieron la famosa frontera con las que se dedicaron ferozmente al cuidado de los pasos orientales de Beleriand.
Siempre atentos desde la imponente Colina de Himring, los Noldor de la Casa de Fëanor no dudaban en desplegar sus estandartes desde los muros para que los envidiosos ojos de Morgoth les temieran.

La segunda y más potente frontera la controló el Rey Fingolfin junto a su pueblo, quienes  por muchos años patrullaron de forma constante la llanura desde los pies de las montañas hasta las mismas puertas de Angband. Gracias a los Noldor de la Casa de Fingolfin se establecieron muchas torres de guardia a lo largo de la planicie. Los viajeros que se atreven a cruzar la gran llanura, antaño siempre encontraban un apoyo en estos furtivos jinetes; sin embargo, hoy muy pocos aún mantienen los ojos puestos en las oscuras mazmorras.

La tercera y menos esperada frontera se fue formando a lo largo del tiempo. Los hermanos Angrod y Aegnor de la Casa de Finarfin, fueron asignados como los señores de las tierras altas de Dorthonion, como vasallos de Finrod, Rey de Nargothrond; ellos junto a su pueblo cuidaban la parte central del norte de Beleriand y prestan ayuda a quienes lo soliciten. Y a ellos les prestan apoyo los Hombres de la Casa de Bëor recién llegados a estas tierras, los que sirven como mensajeros entre las diferentes fronteras. Hábiles montaraces y furtivos cazadores, los hombres de Dorthonion emboscan a las patrullas que de una u otra manera logran acercarse a los pasos en las montañas.

Una última frontera tan dura como la piedra ha demostrado su importancia en el último tiempo. Los Enanos de las montañas pocas veces se involucran en los asuntos de los demás; pero, se han visto tan implicados que han decidido salir de sus reinos y cerrar los pasos con hacha y escudo.

"El asedio de Angband"
En los últimos años ha corrido el constante rumor de que Morgoth no ha estado soso todo este tiempo. Orcos y trolls y otras criaturas, se las han ingeniado para demostrar que aún están allí, y que aún existen para quitarle los sueños a quienes se duermen en la seguridad de su vigilia.

Así se ha sentido como los inviernos llegan más rápidos y las noches son cada vez más oscuras y sin luna. Ard-Galen rebosa de un silencio sepulcral, mientras las hogueras de los guardianes arden débilmente y son escasas; pocos, por no decir sólo unos cuantos, velan en los campamentos, y los jinetes de Hithlum ya no alzan sus flamantes estandartes.

El miedo entre quienes se alternan la guardia se puede presentir a distancia, y son muchos los rumores que hablan de un resurgir de la sombra, con criaturas jamás antes vistas que infundirán el terror con tan sólo mirarte a los ojos.

Temblores y humos han comenzado a salir hace menos de cinco años atrás, y los hedores de las forjas oscuras se vuelven a sentir a kilómetros.

Se sienten los duros cambios, y se nota que aún falta mucho.

Los guardianes están intranquilos, no han podido cerrar los ojos, y constantemente deben estar mirando a través de la niebla, pues aún las sombras acechan a través de la oscuridad.

Valariandë

-¿Satisfechos? - dijo Andreth. -Ningún corazón de Hombre está satisfecho. El tránsito y la muerte le es siempre penoso; pero un declive más lento proporciona cierto consuelo, y retira ligeramente la sombra.

-Andreth -De la muerte y los hijos de Erü

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