Cuentos de Beleriand: La batalla de la llama súbita - Valariandë

martes, 1 de abril de 2014

Cuentos de Beleriand: La batalla de la llama súbita


Los tiempos han cambiado, los vientos ya no son tan puros como hace unos años atrás. Sin duda, la Primera Edad del Sol, es una época de rotundos y consecutivos cambios que no dejan indiferente a nadie.

Hace un par de años, los Elfos junto a los Hombres y Enanos tuvieron que hacer frente a una de las más desastrosas guerras que han asolado las hermosas tierras de Beleriand.

Así llegó el tiempo del invierno, cuando la noche era absolutamente oscura, sin luna. Las amplias llanuras de Ard-Galen rebosaban de libertad, mientras los Noldor establecían permanente guardia a las afueras de las puertas de la fortaleza negra. En el último tiempo, confiados de su sitio, las hogueras de los guardianes ardían débilmente y eran escasas; pocos, por no decir unos cuantos, velaban los campamentos de los jinetes de Hithlum.

Fue entonces, que torrentosos y fatídicos ríos de fuego comenzaron a salir rápidamente de las oscuras grietas de Angband. Se esparcieron por las llanuras más rápidos que cualquier vuelo de dragón y las Montañas de Hierro, parecían cobrar vida con toda la furia que eructaban, distribuidos en venenos de muchos olores y humos mortales.


Así pereció Ard-Galen, una tierra verde a la luz del amanecer, ahora cubierta de ceniza y muerte. El fuego devoró sus hierbas, convirtiéndolas en un lugar desolado, sofocante y yermo sin vida. Desde entonces, Anfauglith fue su nombre, y como el "Polvo asfixiante" lo conocieron las nuevas generaciones. El caminar por sus valles y colinas, se hacía lúgubre y deprimente; las tumbas de los caídos y las pilas de huesos amontonados lo convertían en uno de los lugares más terrible de Beleriand.

Las alturas de Dorthonion y Ered Wethrin detuvieron los fogosos torrentes, pero los bosques sobre las laderas que daban hacia Angband ardieron todos, y el humo confundió a sus guardianes, facilitando la tarea de las oscuras fuerzas de Morgoth.
Así comenzó la terrible "Batalla de la Llama súbita".

Pero esto no marco ni el fin de una era, ni el dominio de unos sobre otros. Sino que todo se convirtió en un período de alerta en el que los diversos Pueblos Libres cerraron sus fronteras y miraron siempre hacia el norte a la espera de ver a la oscuridad aparecer ante sus dominios. Fue un tiempo de ir y venir, y en donde se rivalizó con la sombra por el control de Beleriand.

El año 455 de la Primera Edad del Sol está marcada por las alianzas; se fundaron dos poderosas fronteras, los dos grandes líderes Maedhros el Alto y el Rey Supremo Fingon mantuvieron y sometieron todo intento de avanzada en los siguientes años. Poco después nació una tercera frontera en las tierras altas de Dorthonion, de mano de los Hombres, los que sirvieron para llevar y traer noticias, o emboscar a las patrullas enemigas que intentaban ingresar por estas montañosas tierras. Los enanos por su parte, cerraron cada paso en las estribaciones con hacha y escudo, y ni tan sólo una pisada orca se escapaba a sus anchas narices.

Este tiempo es de duros cambios y desarrollos que aún no culminan, y que obliga a los guardianes a no cerrar los ojos y mirar siempre más allá, pues aún las sombras acechan a través de la oscuridad; es un tiempo en donde aún se pueden escribir nuevas baladas, nuevas leyendas que puedan cambiar el curso de la historia...

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