Pueblos de Beleriand: Hombres de Hador


"Los hombres de las tres casas medraron y se multiplicaron, pero la más grande entre ellas fue la Casa de Hador Cabeza de oro, par de los señores elfos"
-De la llegada de los hombres al occidente, El Silmarillion.

La gente de Hador es el tercer y último pueblo que cruzó las grandes montañas encabezados por Marach, quien era su líder por derecho de sangre. El clan se caracteriza por ser el más numeroso entre los Edain, y los mejor organizados.

Conocidos como los “Cabezas doradas” por el rubio de sus melenas, se dirigieron a Estolad en el año 341 aproximadamente, en donde habían escuchado que el pueblo de Bëor se había asentado en aquel lugar. Tras varias décadas en aquella fortaleza, los Hadorrim emigraron hacia el norte para habitar en las altas tierras de Hithlum por ofrecimiento del pueblo de Fingolfin. Dor-Lómin les fue otorgado como feudo vasallo y fortificaron empalizadas y levantaron poblados, mientras poco a poco forjaron el Señorío.

La mayoría del pueblo vive en pequeñas aldeas dispersas por la región, y dedican su vida a la cría del ganado y el caballar, además de muchas otras actividades rurales. 

Han criado por mucho tiempo muy buenos corceles de guerra, los que han sido utilizados en el constante patrullar por las llanuras.

Temibles son los escuadrones de jinetes, que se lanzan al combate con feroces gritos de guerra. Esgrimen grandes y afiladas espadas, y a sus espaldas gustan de cargar un escudo.

Lucen lustrosas mallas que les cubren hasta más debajo de la pelvis y portan cubrecabezas forjadas por si mismos o por las habilidosas artes y conocimientos que le han otorgado sus aliados elfos.


Las incursiones que han sufrido el último tiempo no han logrado ahondar en las vastas llanuras de Dor-Lómin, por ello muchos migran hacia la tierra de la Tercera Casa, ya que consideran que es el pueblo con mayores esperanzas. Por lo que su señor Hador Lórindol, uno de los hombres de más alta talla en Beleriand, ha mantenido su gobierno demostrando así su habilidad para el arte de la guerra y el liderazgo.

Valariandë

-¿Satisfechos? - dijo Andreth. -Ningún corazón de Hombre está satisfecho. El tránsito y la muerte le es siempre penoso; pero un declive más lento proporciona cierto consuelo, y retira ligeramente la sombra.

-Andreth -De la muerte y los hijos de Erü

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