Personaje del mes - Valariandë

domingo, 4 de septiembre de 2016

Personaje del mes

Es otra noche más para leturas acerca de los grandes héroes y personajes más influyentes de la Primera Edad, y esta vez he querido volcar el tema hacia los "hijos adoptados" de Erú. Un pueblo muchas veces mal mirado y despreciado, pero valiente ante la guerra y cuya lealtad es más firme que el metal con el que les gusta trabajar: los Enanos. Y esta vez, es el turno para conocer a:


AZAGHÂL, SEÑOR DE BELEGOST


Azaghâl, hijo de Linnar y primo de Úri, es actualmente el señor del clan "Barbafogosa" de Belegost en las Montañas azules. Gran líder y guerrero, se destacó como príncipe mientras su padre gobernaba desde que su pueblo despertó en las montañas.

Se trata de un rey severo, orgulloso de sus costumbres, y conocido en Beleriand como un gobernante de paciencia frágil. Tiene más espíritu de guerrero que artesano o político, y esto se refleja a su vez en la mayoría de los miembros de su pueblo.
Ha logrado tratados de paz con muchos poblados aledaños, así como libre comercio con los elfos de más allá de los valles, y no dudaría un segundo en alzar las tropas si tuviese que ayudar a su pariente en el reino enano del sur.

Mientras que Nogrod es la capital de la artesanía y herrería enana en general, el reino de Belegost se levanta como un fuerte de guerra ante cualquier amenaza; sus habitantes serían los guerreros más fuertes de los bastiones de las Montañas azules.
No obstante, esto no quita la desconfianza propia de los enanos hacia los otros pueblos, está en su naturaleza, y Azaghâl es un buen representante de ello.




Azaghâl se hizo famoso como guerrero durante la colonización de las montañas y se unió a las refriegas y ataques que desde el norte acecharon a su pueblo, mientras su padre lentamente levantaba los enormes muros de Gabilgathol.
Poco a poco fue ganando la experticia necesaria para comandar a las tropas y el liderazgo suficiente para ser futuro gobernante.

Tras años de guerrillas y exploración de los alrededores de su reino, Azaghâl se sentía completo para ser líder. Sin embargo, este alzamiento de tanto orgullo, hizo mirar en menos cada vez más a las tropas enemigas. Fue así como una noche sin luna, cayó sobre ellos una gran hueste de orcos venidos del norte, y arrasó con todo el poblado que en esos tiempos acostumbraban a habitar fuera de los muros aún no reforzados.
Aquella noche, Linnar, padre de Azaghâl, levantó por última vez su gran hacha y su cuerpo cayó decapitado en uno de los afluentes del río Gelión. Azaghâl presenció el hecho, más la multitud no permitió que éste lograra auxiliarle y una rabia inundó su corazón a niveles de rayar la locura. Corrió a través de las líneas de combate, decapitó a diversos enemigos y llegó a enfrentarse a un enorme troll de las cavernas él sólo, todo para tomar a el cuerpo de su padre y protegerlo, aún después de la muerte. Tal acto heroico fue visto con buenos ojos y desde ese mismo momento, Azaghâl fue honrado como nuevo señor de Belegost.
Así logró cambiar el destino de la batalla, y gracias al apoyo de fuerzas de su primo de Nogrod, los enanos de Belegost pudieron rechazar al enemigo.

Nogrod y Belegost se fortificaron gracias a esta alianza, y se convirtieron en los salones más inexpugnables de Beleriand creadas por los enanos; a su vez, la artesanía y la herrería se alzaron en belleza y no hubo elfo ni hombre que pudiera superarles en la forja y la cantería.
Uno de los más famosos herreros enanos, Telchar de Nogrod, forjó de puño y mano un hermoso yelmo con aspecto dracónico y fue considerado "corona de Belegost", el famoso Yelmo-dragón; y que fue símbolo de moral y liderazgo entre los enanos. Sin embargo, para Azaghâl no era más que un objeto, ya que valoraba un brazo firme ante una obra de arte.
Así fue como el yelmo-dragón terminó en manos de Maedhros el alto, señor de Himring por regalo de Azaghâl y en agradecimiento por prestarle auxilio cuando fue emboscado por los orcos en el camino enano que une a Belegost con el resto de Beleriand.
Desde ese momento el pueblo de Belegost, por orden de su señor, pasó a engrosar las líneas de combate y reforzar los grandes muros de las ciudadelas.



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